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Lo que hubiera dado por contestarle, algo, lo que sea. "¿Qué tal un hola, un soy Mik?" pero nada, me quedé callado, atónito y asustado y en ese preciso instante, aparecieron los grandes lentes de Joan Perea y se llevaron a Fania lejos de mí.
- ¿Crema o Azucar? - volvió a repetir Mo. Creo que notó que estaba yo en otro mundo, porque inmediatamente me dijo - Sí, es Fania, get over it.
No me dieron ganas de contestarle, así que con toda tranquilidad, tomé mi café de sus manos y grité con toda la autoridad, que según yo podía tener:
- ¡Tenemos media hora para tener todo listo!, ¡Pueden por favor arreglarme el set!
Tiempo después aprendí que a una bulla de hombres y mujeres subidos en un pedestal que trabajan en Lounge, no se les pide "por favor" nada, se les ordena o no hacen caso. Y sí, literalmente, los reunidos en el set voltearon a verme y como si yo me hubiera echado un pedo, nadie hizo más que jetas y volvieron a lo suyo.
Frustrado y nervioso comencé a tomar mi café como si fuera tequila, en caballitos, en menos de diez minutos ya estaba prendido como foco navideño y comencé a caminar entre la gente. Me agarré los pantalones y me dirigí a un hombre gordo, de cabello cano largo, vestido impecable con un traje negro Armani y le ordené:
- ¿Eres el director de arte? - El hombre no hizo el esfuerzo mínimo por voltear a verme, simplemente asintió con la cabeza y comenzó prender un cigarro - ¡Necesito mi set vestido y ordenado en quince minutos!
- ¿Y tú eres...?
- El fotógrafo. Soy Brito y este es mi set. ¡Te repito, toma tus cosas, tus asistentes y tu puro y ármame un set o yo me encargo de que te dediques el resto de tu vida a hacer sets para los encuerados de Niurka!
¿De dónde salió esa agresividad? No tengo idea, les juro que yo soy hippie, pacífico, amigable cual Cantinflas, pero esa gente sacó lo peor de mí...tristemente para mí, no sería la última vez que me dejara llevar por un impulso absurdo.
A final de cuentas mi pequeño desplante resultó positivo; en menos de quince minutos tenía un set armado, que evidentemente parecía sacado de una historieta....una muy sensual. Lo que hacía un momento era el jardín de una casa, en ese momento se eregía como una barra de bar, mesas y una escenografía de madera que me hacía pensar inmediatamente en James Dean y sus west movies. Sintiéndome más tranquilo me di media vuelta y me encontré con lo que no puedo describir como otro cosa que no sea el más grande buffete empresarial al mejor estilo del Marriot Breakfast Club. Hambreado como perro callejero, me aventé sobre la mesa del "bufftete": canapés de salmón, ostión ahumado y queso de cabra al por mayor, pequeños emparedados de queso panela con alfafa, frutas tropicales, africanas y hasta asiáticas, leche, jugo, cereal y huevo al gusto. Me sentía yo como niño en feria. Agarré un platito y comencé servirme todo lo que me encontraba. De pronto me topé con una mujer, bueno, en ese entonces yo creía que era mujer, de piel muy oscura, cabello enrulado en un afro y lentes Dolce, tiempo después me enteré que le decían Divian.
- ¡Este buffete está increíble! - Ya ven, yo de tarado amigable creyendo que todos van a ser igual conmigo.
- Nene, no...este no es un buffete. No te conozco, no me hables.
Sentí como si uno de los camarones de la mesa se me atorara en el cogote. Estaba seguro de nunca en la vida haber sido tratado de una manera tan humillante. "Fui el hongo en la pata de la mosca" y apenas era mi primer día.
Una joven morena clara, muy delgada, de ojos enternecedores pasó al otro lado mío, a diferencia del resto de la multitud que parecían recién sacados de la Milan fashion week, ella vestía una cómoda chamarra de algodón blanco, unos jeans rotos y un gorro peruano.
- Se llama cattering - comenzó a reír.
- ¿Cómo?
- Cattering, no es un buffete, es el desayuno para el crew. ¿Nuevo?
Atragantándome el taquito de atún al pastor que me estaba comiendo en ese momento, le contesté con la mejor dicción que pude.
- Como fotógrafo, veterano...en Lounge soy un bebé.
- Sí se nota - La mujer comenzó a reir alegremente mientras jugaba con las borlas de su gorro - Asistente de maquillista uno, ¿y tú?
- Fotógrafo suplente.
Estaba por preguntarle su nombre cuando oí el gruñido de voz que maneka Joan Perea vociferar por el megáfono.
- ¡Todos listos! Comenzamos en tres.
Cuando volví a voltear hacia la mesa, asistente de maquillista uno se había ido, probablemente a pasar tarjeta. Tomé mi cámara, la monté en el tripié y haciéndole una seña magnánima a Ini Mini Mani y Mo accioné las luces del set. Yo nunca vi Sin City, como ya les había dicho, pero puedo meter mis manitas al fuego a que este set era la viva imagen de una escena de esa película ¡Y por Dios que aunque los nervios me comían los intestinos, prometí hacerle justicia!
Tim Burton alguna vez dejó muy claro con Big Fish que cuando ves al amor de tu vida pasar frente a tus ojos por primera vez, el tiempo parece simplemente detenerse y flotar. Y ya sé que me van a decir que ya la había visto antes, pero no cuenta, porque en ese preciso momento entendí y aprecié a los griegos cuando sabiamente concivieron a Cúpdio. De entre las luces apareció, primero como una sombra y poco a poco tomando la figura de una mujer. La habían vestido con un pequeño corsette rojo que resaltaba sus pechos y unos pantalones de cuero negros, en lugar de su acostumbrado corte de niño, usaba unas extensiones rubias, lacias y largas hasta la punta de su cadera. Su cara, probablemente maquillada por asistente uno, parecía irradiar luz y sus labios goteaban gloss haciéndolos lucir más carnosos que nunca.
Como por medio minuto yo, y todos los congregados en el set, permanecimos atónitos. Nadie le quitaba la mirada de encima, nadie quería quitársela de hecho. Finalmente Fania habló:
- ¿Dónde me pongo?
Tratando de no hacerla sentir acosada le señalé la barra. Estoy seguro que me aclareé la gargante como cuatro veces antes de poderle responder:
- Ahí en la barra está bien, ya sabes, haciendo lo tuyo.
Podía sentir las miradas de mis asistente que parecían querer gritarme y arrancarme los pelos: "¿Haciendo lo tuyo? ¿what the fuck?" Pero en ese momento en lo único en lo que podía pensar, era en la monumental belleza de Fania y en lo increiblemente ajustados que eran sus pantalones.
Fania comenzó a posar, natural, sin fallas. Se movía de un lado a otro de la barra: primer se acostaba y levantaba sus piernas y después se hincaba sosteniendo sus extensiones con la mano. Lanzaba besos a la cámara y movía su cadera haciendo un hula hula, como si bailara. Yo estaba enbobado, ¡Y qué digo embobado, pendejo! y disculparán mi lenguaje, pero no hay otra forma de descibirlo, momentáneamente no había nadie en todo Polanco excepto ella y yo, y Fania con toda su sensualidad posaba para mí: para mi cámara. Como si lo hubiera hecho cientos de veces, arranqué mi Canon del tripié y me tiré al suelo, comencé a fotografiarla de todos los ángulos posibles; no podía evitar hacer ciertos zooms a partes indiscretas, pero las gotas de sudor que corrían por sus senos provocadas por el intenso calor de los reflectores, me hacían perderme y comenzar a soñar.
De vez en cuando tenía que parpadear para ubicar donde era que estaba y era hasta ese momento que recordaba que allí a mi lado tenía parados a Ini, Mini, Mani y Mo y más atrás de ellos Joan y el resto de los empleados.
- ¡Cambio de vestuario! - gritó Mani detrás mío. Les juro que lo podría haber cacheteado en ese momento, fue un insúlto que detuviera el momento que estábamos viviendo.
Me tranquilizó saber que pronto saldría Fania de nuevo al set vistiendo algo probablemente aún más sexy que el anterior y por un momento me perdí en mi imaginación. Cuando volteé a ver el wester set, sólo estábamos mis asistentes y yo, Fania se había marchado a los camerinos y yo estaba haciendo el ridículo parado en medio del show haciéndome una chaqueta mental monumental.
- Si vuelves a la tierra te prometo comprarte un helado
Cuando recapacité me di cuenta que asistente de maquillista uno estaba parada a mi lado mirándome extrañada.
- Perdón, me fui - le contesté.
- Ya sé, con esa vieja hasta yo me voy.
Volvió a reír con esa ternura con la que me enseñó a no pasar por ridículos confundiendo el cattering con buffete.
- Estaba pensando que, no sé, si salimos de aquí temprano, igual y nos vamos a un McDonalds o algo, ¿no? Tengo un antojo muy cabrón de McFlurry.
Me estaban invitando a salir, a mí, al hombre que pasó veinte años antes de poderse atrever a decirle a su prima que le gustaba su amiga. Su amiga nunca se enteró, por cierto. Y ya sé lo que están pensando: "Seguro es virgen" y sí, sí soy, pero esque hay veces que aún siendo un hippie de Coyoacán, fotógrafo y rebelde, te quieres esperar a hacer la onda con amor. Miré a la asistente uno, probablemente sonrojado, y le dije
- Si es de Oreo me como lo que me pongas.
- Genial, te veo saliendo de aquí.
Una vez más, había olvidado preguntarle su nombre. Claro que todo eso dejó de importar en el momento en que Divian apareció ante mí y comentó con su aire de superioridad masculino/femenino:
- Papacito, te buscan en la carpa dos. Fania pidió verte a solas...
continuará