Capítulo 9. "Una noche juntos"
Durante todo el camino en el coche de Pepto en lo único en lo que podía pensar era qué íbamos a hacer al llegar al departamento, cuando Fania descubriera que realmente sólo exisitía un cuarto y el otro era claramente usado como un estudio. Mi mente daba vueltas: "Qué le iba a decir?" Tal vez que me gustaba el estilo japonés de vida y que las camas no eran lo mío, o que estaba en proceso de mudanza y mis muebles todavía no habían llegado. Cualquiera de las opciones, sin embargo, seguían pareciendo estúpidad dado que de cualquier manera iba a tener a ua celebridad durmiendo en el suelo.
- De verdad no saben lo mucho que esto significa para mí - dijo Fania entre sollozos. Durante todo el camino no había dejado de llorar y había hecho realmente muy poca conversación.
- Ni lo menciones, Reina, los hombres son unos cerdos. - contestó Pepto.
- Y mira quién lo dice - le sonreí burlonamente. Hasta ese día todas las parejas que le había conocido a Pepto, habían resultado emocionalmente heridas por mi amigo por una u otra razón. Entre cerdos, Pepto era el mayor de ellos.
Pepto siguió manejando sin siquiera voltear a verme. La siguiente parte del camino la recorrimos completamente en silencio. Algo dentro de mí me decía que ninguno de los tres quería hablar por diferentes razones: en el caso de Fania era lógico el por qué no hablaba, sumida en sus pensamientos probablemente en lo único en lo que podía pensar era en haber sido engañada enfrente de toda una multitud de fans; en el caso de Pepto podían ser dos razones, una que no había podido llevarse al edecán con él esa noche, o que estar frente a una celebridad lo ponía tan nervioso que no le salían las palabras; en mi caso era algo distinto, yo tenía miedo de decir algo tonto, tenía miedo de sacar alguna babosada que lastimara aún más los sentimientos de Fania y tenía miedo de contar algo de mi vida que inmediatamente revelara que yo era un niño de mami que estaba lejos de tener un loft en la ciudad y de ser un renombrado fotógrafo de modas. "¡Dios mío, estoy viviendo una mentira!", me dije.
Antes de poder terminar mi plan, noté que el auto se estacionaba frente al departamento de Pepto en Tecamachalco. Sin poder decir ni una sola palabra, ni poder ponerme de acuerdo con Pepto, bajamos todos del coche y entramos al departamento. Pepto prendió las luces y levantó los brazos orgulloso de su perfectamente decorado departamento. Fania sonrió por primera vez en el camino. Tomó su bolsa, Coach, me fui enterando después y la dejó sobre un puff en la sala. Pepto caminó hacia su cuarto mientras yo permanecía recapacitando sobre qué le iba a decir a Fania sobre mi falta de cuarto...cama, cajones, ropa, etc. De pronto Pepto hizo lo impensable, abrió la puerta de su propio cuarto y dijo:
- Anden ya a dormir que ya hace sueño - volteó a verme en complicidad e inmediatamente siguió con Fania. - disculparás a la sucia esta, el cuarto está hecho un desastre pero esque no encontraba qué ropa ponerse antes de irnos.
- No importa, con que pueda cerrar los ojos, me doy por bien servida- contestó tierna Fania. - Gracias, Mik.
Inmediatamente me sonrojé y agaché mi cabeza como si tuviera que hacerle reverencia a una Reina, inmediatamente me sentí ridículo, claro, y volví a levantar mi cabeza guiando con mi mano a Fania hacia la recámara. En cuanto ella había entrado, regresé con Pepto y sin decir una palabra lo abracé emn agradecimiento.
- Ay melosa, estúpida, quítate - me empujó riendo.
- Neta, Pepto, te llevaste un premio.
- Ya sé, corazón, olvídalo, sé lo importante que es para ti. - Pepto se dio la media vuelta y entro en el cuarto de estudio.
En ese momento entendí que mi amigo iba a dormir recargado en una silla, entre papeles y su escritorio.
Él que jamás dormía en algo que no tuviera sábanas egipcias, él que necesitaba absoluta oscuridad para poder conciliar el sueñ. "Vaya sacrificio", pensé. Me di la media vuelta y entré en mi cuarto por una noche.
Para cuando entré, Fania ya se había acomodado tranquilamente en la cama. Se había acostado vestida, pues incluso en la oscuridad alcanzaba a distinguir lo blanco de sus tirantes suavemente recargados sobre sus hombros. Pasó poco tiempo para que me diera cuenta que tenía los ojos abiertos y que me miraba de una manera cariñosa, casi tierna.
- No tienes que dormir en el piso, de verdad esto es enorme - dijo señalando la cama de Pepto, que por supuesto era más que King Size. - ven, acuéstate.
- No, no inventes, no podría. Ahorita agarro unas colchos y me acuesto aquí en el piso. Tú duérmete.
Había comenzado a buscar colchas por todos los closets cuando sentí su mano en mi espalda. Me di la media vuelta y me encontré frente a ella. Se había levantado de la cama y sonriente se erguía frente a mí acariciándome la espalda. "¡No manches tu vida!", pensé "Me está seduciendo" Pronto me di cuenta de mi error, por supuesto, y noté que no me estaba tratando de seducir sino de limpiar una serie de pelusas y tierra que tenía en el smokin, supongo yo que estaba ahí desde el momento en que tuve que atravesar por el agujero en la reja.
- Es en serio, si tú te duermes en el piso, yo me duermo en el piso, no se me hace justo. - dijo severa- Llego aquí como una intrusa, apenas si me conoces, no te voy a quitar tu cama.
"Ni es mi cama", pensé, pero después recapacité. "¿Qué estoy haciendo? Tengo la oportunidad de dormir al lado de mi sueño más grande y estoy pensando en echarme cual perro al suelo."
Fania volvió a recostarse en la cama completamente esquinada y yo, pensando, "Adiós ñoñez" me recosté a su lado, ok siendo sincero no era a su lado, estaba yo acostado completamente del otro lado de la cama que en ese momento me parecía un continente, pero aún así me sentía a su lado.
De pronto Fania volteó su cabeza y con un leve susurro, casi un suspiro repitió:
- Gracias, Mik.
En ese momento caí rendido como bebé en la cama, sabiendo que por ese día, no podía llegar a ser más feliz. Aunque a la mañana siguiente no tuviera idea de cómo reaccionar a su lado, ni de qué iba a suceder ahora que ya intimaba con una estrella.
continuará...
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