Capítulo 6. "La alfombra roja"
- Vámonos - le dije a Pepto, no quería ni siquiera mirarlo los ojos de la verguenza - perdón, neta.
Pepto volteó a verme con esa mirada suya de "si no fueras mi amigo aquí mismo te mataba" y me agarró del hombro.
- No nos vamos a ir. Tú tienes que entrar ahí, yo tengo que entrar ahí y por Dios que alguien intente detenernos.
Lo primero que pensé fue ·"Se le botó", ¿cómo pretendía entrar a un lugar donde el guardia de la entraba no tenía intención alguna de dejarnos pasar, donde por dentro estaba abarrotado seguramente de otros seis mil guardias y celebridades? ¿qué íbamos a hacer, saltar la reja?
- Nos vamos a saltar la reja - dijo emocionado Pepto.
Me lo temía, sabía que algo tan estúpido descabellado iba a pasar por su loca cabeza gay en cualquier momento. Comencé a negar con la cabeza, porque aunque no lo crean, en eso de ser aventuroso soy bastante sobrio, nunca me ha gustado la idea de acabar en la cárcel y desempleado.
- No me vengas con que no, me trajiste hasta acá y ahora nos metemos. - dijo Pepto furioso.
- No estoy diciendo que no tengamos un alto IQ, pero Pepto, ¿si te das cuenta en dónde estamos verdad?
Sin responder a mi pregunta, Pepto comenzó a caminar rodeando el museo, yo como perro detrás de él apenas si alcanzaba a verle la espalda. Pero escuchaba perfecto lo que iba diciendo.
- A Pollo le encanta traer a sus chacales aquí, se los faja y no los vuelve a ver. Dice que un museo es el lugar perfecto para tener sexo porque nadie nunca viene, triste pero cierto. El caso es que para que no lo cachen se mete por un hoyito en la reja y...¿me estás oyendo?
- Sí, un hoyito en la reja - contesté cansado y nervioso.
- Ahí está! - exclamó emocionado.
Literal, de manera lateral al museo, casi pegando con Reforma había una ligera ruptura en la reja. Y cuando digo ligera no miento, por esa abertura no podría ni caber una comadreja y Pepto quería que dos hombres bien formados de viente años cupiéramos, estaba loco.
- A ver, Virgen, sostenme esto - Pepto me pasó sus cosas y en menos de un parpadeo ya había metido todo su cuerpo por la apertura y estaba del otro lado - ¡Vas! - gritó.
"Madre mía", pensé, "Seguro desgarro el smokin" Me agarré debajo del pantalón y sosteniendo mi cámara con una mano y mi dignidad con la otra comencé a pasar por el agujero, justo en ese momento una luz de sirena se sintió justo en mi espalda.
- ¡Chinga, la patrulla! - Me gritó Pepto. Agarro rápidamente mis manos y comenzó a jalonear al tiempo que yo sentía los policiias ya estaban en camino.
Estaba esperando a que en cualquier momento me detuvieran por detrás y me llevaran a los separos que me sorprendi con tanto gusto cuando Pepto finalmente logró sacarme del hoyo y comenzó a correr, como nunca lo había visto hacia el museo. Yo, menso y atarantado, lo seguí sin querer voltear hacia atrás.
Llegamos directo a la alfombra roja en el monento cumbre. Tratando de disimular el miedo, el cansancio y el sudor, tomamos la misma postura del resto de los invitados, bien parados, elegantes aplaudiendo y vimos pasar a Ana Claudia Talancón con un vestido azul de tirantes y el cabello perfectamente alaciado.
- Ándale estúpida, tómale fotos - me recordó Pepto.
Había estado tan inmerso en mi miedo que se me había olvidado que si estaba ahí presente era como fotógrafo. Tomé mi Canon y comencé a capturar a todas las celebridades que se cruzaban por la alfombra: Salma Hayek, Yolanda Andrade seguida por Montserrat Olivier y Rebeca de Alba, no faltaba alguna personalidad del mundo del cine como María Portobello, Jazmín de Anda y detrás de todas ellas, glamurosa como sólo ella sabe serlo, apareció Fania. Salió de una limosina vistiendo un vestido blanco, bubble dress, romántico de cocktail y unos stilettos plateados, su cabello corto y rojizo brillaba con la luz de las cámaras y ella sonreía tan tranquila, ni una gota de nervio corría por su precioso cuerpo.
- Seguro es Chloe - comentó Pepto a mi lado.
- ¿Quién es Chloe? - respondí ingenuo y de inmediato me encontré con su mirada y la de otros presentes viéndome como el idiota de la temporada.
- Hello, retarded, la casa diseñadora que hizo el vestido que trae tu princesa.
No tenía idea de quien era Chloe, pero con toda seguirdad en ese preciso momento quería ir y abrazarla por haber hecho lucir tan bien a Fania. Como el vestido le llegaba un poco arriba de las rodillas, podía observar sus magníficas y largas piernas caminar en cámara lenta. De pronto, en cámara lenta también, un hombre salió de la limosina tras de ella y la sostuvo de la cintura.
Yo que estaba flotando quince metros arriba del suelo, caí de golpe por culpa de monote como de dos metros de altura, fornido, rapado y con un saco color vino, camisa blanca y corbata negra, ¿por qué diablos él se podía vestir como recién salido del Mardi Grass y yo tenía que andar de pinguino?, ¿quién se creía que era?
- Alberto del Toro está de sueño, ¿ya viste? - me dijo Pepto visiblemente alterado, ojos enormes, grandes palpitaciones, todos los síntomas de: "estoy frente a mi amor platónico". Poco tiempo tardé para darme cuenta que al tal Alberto del Toro era el hombre que posaba al lado de Fania - Son la pareja perfecta, ¿o no?
- ¿Quién es ese? - respondí amargado y con ganas de no tomarles fotos, aunque sabía que era mi obligación.
- Neta no te conozco. Mira taradita, Alberto de Toro es el vocalista de "Laisha", todo mundo lo conoce.
Me iba a matar, pero tenía que preguntar, no me quería quedar con la duda y tenía que saber a qué dirección exacta mandar mis sobres con antrax.
- ¿Qué canta Laisha? - dije asustado, lo más quedito posible para que la gente a mi alrededor no se enterara de mi ignorancia.
- Ay de verdad que estás estúpida, cantan la de "Ven bla bla bla ven por siempre bla bla bla"
Aunque Pepto tarareó casi toda la canción, sin decir más que "ven" eventualmente, no pude identificar lo que era. Para cuando volví a voltear hacia la alfombra roja Fania y Alberto estaban parados frente a mí, Fania me jaló del brazo alejándome de mi amigo y me sacó con ella al centro de todo donde sentí que todos los presentes desviaban su mirada para observar como la cosa tímida y mal vestida que era yo, de pronto se detenía a caminar por donde pasan todas las celebridades.
continuará...