Capítulo 4. "Otra Vez Será"
Entré a la carpa dos con las manos empapadas en sudor, sudor de ese que por más que lo restriegas en el pantalón no se va. "Gracias a Diós no le tengo que dar la mano", pensé. En cuanto metí mi cara al interior de la enorme capra blanca ubicada en el patio de la casa, en una esquina con mucha sombra, lo primero que vi fue una pila de cojines en diferentes colores. Estaban abultados uno sobre el otro de modo que parecían formar una cama, una quilt. Con el cansancio que me cargaba en ese preciso momento, lo único en lo que podía pensar era en lo mucho que quería lanzarme en esos cojines y dormir hasta el año 2010, pero antes de siquiera poder acercarme a tentar los cojines escuché la voz de Fania que me llamaba desde alguna parte de la gigantesca carpa.
- ¿Mik, eres tú?
- Sí - tartamudeé - ¿dónde está?
- Al fondo.
Caminé hasta el fondo y efectivamente ahí se encontraba, sentada en una silla roja, con el cabello corto de nuevo, maquillandose sola frente al espejo. El vestuario de hacía unos segundos había sido reemplazado por una larga falda de cuero negro y un top amarillo de grandes hombreras; claramente la intención era resaltar el color amarillo en las fotografías y dejar lo demás en blanco y negro; pues su cara se mostraba perfectamente maquillada, desde los párpados hasta los labios en colores grises, blancos y negros. Por un momento me recordó una película que habia visto hace mucho. Disculparán ustedes si no recuerdo el nombre, pero ya saben como soy, olvido todo y con eso de que voy una vez al año al cine, peor, el caso es que la película trataba de dos jóvenes que aparecían en un mundo blanco y negro y conforme lo llenaban de ideas modernas liberadoras iba tomando vivos colores. Para mí, no era importante si Fani estaba en blanco y negro o en color, siempre deslumbraba.
- Siéntate, si quieres.
Fania dejó a un lado su maquillaje y volteó a verme; a diferencia del resto del crew, ella no parecía verme con aire de superioridad, ni parecía querer golpear mi cabeza, por el contrario sonreía de la manera más tierna y me veía con cariño...casi como uno vería a un pequeño cachorro. Yo seguía como idiota tratando de quitarme el sudor de las manos con los pantalones y haciendo lo posible por esconder mis ganas de salir temblando y maullando cual gato.
- Te va a parecer súper raro, pero tengo un favor que pedirte.
¿Raro? Me parecía más bien increible, hacía un día no tenía idea de quien era ella y ahora, la mismísima Fania, quería un favor de mí, DE MÍ, de un hippe Don Nadie de Coyoacán. Era impactante y por alguna extraña razón, también bizarramente angustiante.
- Lo que quieras - contesté.
- No sé si sepas pero hoy hay un evento en el Museo Tamayo, se llama "Bella"
- Sí, sí sé, estás nominada y... - la interrumpí, aunque después no supe cómo seguir la converación. La verdad sea dicha, lo único que sabía del dichoso concurso era lo que había leído en el periódico esa mañana, es decir, prácticamente nada.
- Y mi fotógrafo me canceló hace un ratito.
¿Fotógrafo?, ¿tenía un fotógrafo de cabecera? ¡Wow! Era como como tener un chofer o un jardinero, era...lo más raro que había escuchado.
- Necesito que alguien lo supla para el evento de hoy en la noche y hoy trabajando contigo me diste muy buena vibra. ¿No sé si tienes tiempo o sí quieras?...Te pago bien.
No podía seguir escuchando más al respecto, la paga era lo que menos me importaba, a final de cuentas no sólo parecía que mi historial como fotógrafa comenzaba a crecer más rápido que la planta de frijol de Jim...o como sea que se llame, además también parecía que por alguna razón el destino insistía en que Fania y yo pasaramos más tiempo juntos. ¿Y quién era yo para negarme?
- Acepto...
- Pefecto, que lindo. Te tengo que pasar una invitación, es de smokin, espero no hay problema.
Maldita sea, claro que había problema, no me había puesto un traje de pinguino desde hacía más de ocho años y por supuesto no tenía uno escondido en mi clóset. ¡Vaya ni siquiera tenía un saco normal! Ya sé, soy un hippie, virgen que a los veintiseís años aún vive en casa de sus padres y no tiene un sólo traje, ya quedó claro el punto de que soy un anormal. Claro que en el momento hice lo posible por disimular y contesté:
- No, para nada. Todo va a estar listo.
- ¿Ready para el take two, Reina?
Detrás de mí, alcancé a oír la inigualable voz de Divian y sin miedo a equivocarme, me di la media vuelta y le respondí:
- Ya estamos.
- No te estaba hablando a ti, baby - contestó con la mayor arrogancia - pero me da gusto saber que te gusta que te digan Reina.
¡Humillado frente a Fania!, ahora sí que podía aventármele y sacarla a patadas de la carpa, pero tomé mi compostura y lo que quedaba de mi dignidad y le sonreí tranquilamente.
-¡Divian! - le gritó Fania - ¿Párale, no? - Volteó a verme apenada del claro comportamiento sin educación de Divian e inmediatamente dijo. - No los he presentado. Mik, él es Divian, mi asistente, vestuarista y mejor amigo. Divian, él es Mik, va a fotografiar el evento de Bella, compórtate.
Antes de poder seguir enfurecido tuve que tallarme los oídos sólo para asegurarme que había escuchado bien. ¿AmigO? A mí me parecía claramente una mujer, así que o me estaba volviendo loco y había tomado demasiada Redoxón la semana pasada. Era el travesti mejor creado de la historia, su piel era perfecta y sin una gota de maquillaje, no tenía un sólo vello facial, la forma de la cara era perfectamente triangular, claramente no tenía pecho pero por la forma en la que estaba vestido no había forma de darse cuenta, su cabello a diferencia del de muchas otras vestidas que había conocido por parte de Pepto, era real y estaba perfectamente peinado, nada exagerado, incluso su voz, por más ronca que sonara, no parecía la de un hombre. Me costó más de un minuto poder racionalizar el hecho de que Divian, de hecho era Diviano.
- Enchanteé - contestó más relajado, aún arrogante eso sí.
- Igualmente.
Tomé su mano y al sentir el fuerte apretón que me recordó al de mi padre me aseguré de que no había engaño, era un hombre hecho...y no tan derecho. Tomé mi cámara, les sonreí y salí de la carpa.
Apenas salí de la carpa, me encontré con las caras desesperadas de Ini, Mini, Mani y Mo esperando istrucciones. Parecían Lemmings, si no estaba ahí yo para darles direcciones, se tiraban a un precipcio; en su caso tirarse a un precipicio consistía en acabarse una cajetilla de Camels en menos de una hora.
- ¿Todo bien? - pregunté
- Ya está todo, el set ya está cambiado, las luces puestas, todo.
Ini parecía tan orgulloso de sí mismo que no pude decirle que realmente lo único que habían hecho era cambiar lo que antes había sido una barra de bar por un "callejón". Así que con toda mi hipocrecía le di una palmada en la espalda y caminé hasta mi tripié. Desde ahí alcancé a ver a Asistente número uno y fue cuando finalmente me di cuenta. Acababa de aceptar un compromiso con Fania, tenía que conseguir un smokin y llegar al Museo Tamayo, todo antes de las ocho de la noche; obviamente iba a tener que cancelar nuestra cita. Para alguien como yo, si invitar a alguien a salir es complejo, cancelar un plan es algo que simplemente nunca he aprendido a hacer.
A lo lejos la alcancá a verme sonreir, tomo sus borlas peruanas y comenzó a jugar con ellas. "Dios mío, me estaba coqueteando y yo apunto de mandarla a volar". Con las rodillas temblándome levanté mi mano y le hice una seña para que se acercara. Asistente número uno a su vez contestó con la seña de: "Dame un minuto" y siguió con sus deberes de maquillista.
En ese preciso momento entró al set la hermosa fgura de Fania y su maquillaje en blanco y negro.
- ¡Media hora, gente, en media hora se nos cae la locación!
Escuché a Joan Perea en alguna parte del set y automáticamente tomé mi cámara. No estaba muy seguro de lo que significaba exactamente carse la locación, pero no sonaba lindo. Fania tomó una pistola de utilería y comenzó a posar con ella. les juro que nunca había visto a alguien jugar tan sexy con un arma, la verdad es que nunca antes había visto a alguien con un arma, pero me gusta creer que sí.
Media hora después, la sesión de fotos se había terminado y la producción había recogido todo, parecían los pequeños ratones de Cinderella corriendo de un lado a otro cargando cables, luces, mesas plegables. Y yo, parado al fondo de todo esto, sólo viéndolos pasar como en cámara lenta. De pronto sentí un pellizco en mi cadera, de esos pellizcos de lonja que son tiernos pero a la vez te hacen sentir un poco mal, detrás de mí, sin gorro peruano estaba parada asistente número uno.
- ¿Me decías?
Aterrado le sonreí como si no esuviera por cancelarle nuestra cita. Era la segunda cosa en el día de la cual no me sentía orgulloso, pero no podía evitar hacerlo, así que me agarré donde uno no se agarra en público y le dije:
- No voy a poder ir por ese McFlurry, me acaba de salir un compromiso.
- Chale - respondió, no hizo nada por ocultar su frustración lo que me hizo sentir aún peor - ¿Qué vas a hacer?
- Otro trabajo de fotografía, nada especial.
- ¿Fania?
No tuve que contestar absolutamente nada, estoy seguro que lo leyó en mis ojos, de esa forma en la que sólo las mujeres pueden leer los gestos de nosotros los hombres. Inmediatamente frunció el seño e intentó sonreír.
- Ni modo...otra vez será.
Se dio media vuelta poniéndose su gorro peruano y me dejó con el "lo siento" en la boca. Una vez más, no le había preguntado su nombre.
continuará...